Estuvimos en el Azurmendi

10:00

Esta semana estrenamos cabecera, ya que estamos en invierno, he diseñado una nueva imagen un poco más acorde con esta temporada espero que os guste y que no os resulte demasiado heladora....

Siempre esperamos alguna celebración para salir fuera y hacer ese pequeño extra esta vez nos hemos ido a comer un menú del día de lujo. Estando Euskadi como está plagado de estrellas Michelín es una pena para los españolit@s de a pie, no poder disfrutar de una cocina así, que no hace falta que lo diga pero no está al alcance de todos los bolsillos, hasta ahora... Eneko Atxa cocinero  y alma mater del restaurante Azurmendi, poseedor de tres estrellas Michelín ha conseguido dar una vuelta de tuerca más a la alta cocina para llevarla a todos los públicos creando el concepto de Prêt à porter.


Un menú con un producto sencillo y de calidad, que nos lleva la creatividad de la cocina de autor a un precio más asequible de 35#+IVA. Un aperitivo, dos entrantes, pescado, carne y postre.
El restaurante está enclavado en Larrabetzu, con unas vistas magníficas, tiene dos zonas diferenciadas, el Azurmendi gastronómico y el Prêt à porter.



Un edificio sostenible de estética moderna.







Llama la atención el concepto actual del carrito de los postres, una vitrina hasta donde el cliente se acerca para elegir unos postres con un concepto sencillo, como la milhojas de queso o el tiramisú, y absolutamente exquisitos.

Este fue nuestro menú.


Talo de ibéricos.





Pulpo y vieira a la plancha con confitura de tomate.





Huevo a baja temperatura y cremoso de patatas a la riojana. Este plato en concreto fue mi favorito por su sencillez y por el resultado final en la boca, me encanto.





Bonito a la plancha, crema de cebolletas tostadas y crocantes.




Canelón de ave y duxell de setas. Este fue una pena porque estaba soso todo el conjunto -teniendo en cuenta que cuando Naia empezó a comer lo mismo que nosotros, en mi casa gastamos poca sal-, desde el risotto hasta el canelón, quitando los pimientos asados que eran de lujo.




A la hora de elegir el vino no había carta, si no que te lo cantaban, nosotros solemos pedir blanco y en este caso únicamente tenían por decirlo así el "de la casa", Gorka Izaguirre, un txakoli Bizkaino que ya ha recibido algún premio y cuyas bodegas además se pueden visitar, previa reserva, dentro del complejo del Azurmendi.

Y después de toda esta comida de casi 10, me encontré con que la coordinación cocina-comedor fue todo lo contrario. Nos pusieron el aperitivo ya con el primer entrante -el pulpo- en la mesa, y si sólo hubiese sido eso pues quizás no me hubiese llamado la atención pero con algún plato nos trajeron los cubiertos de cambio con el plato ya servido, pero lo que ya me colmo y me sorprendió más aún fue que ¡me pusieron el canelón en la mesa mientras todavía estaba comiendo el pescado! y allí me quede yo mirando uno y otro plato y sintiéndome como si estuviese en un bar de esos de menú casero que te sacan el segundo plato 5 minutos después del segundo. Vale que yo soy lenta y encima con Naia a mi lado más aún y que el resto de la mesa había terminado ya, pero... desde luego que no se puede juzgar un restaurante como este por un detalle así pero a veces ves este tipo de sitios tan perfectos que cualquier fallo llama mucho más la atención.

Por descontado que recomiendo la experiencia al 100% a 45€ por persona, se puede vivir un tres estrellas Michelín


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